ÉL NO TIENE MANOS, PERO TIENE LAS TUYAS

 

Hay un relato familiar, posterior a la 2ª Guerra Mundial, referente a una estatua de Jesús, situada entre los escombros de una Iglesia alemana bombardeada. La estatua representaba a Jesús, con sus brazos extendidos hacia el mundo. Pero la devastación de los bombardeos le rompió las manos. Largo tiempo permaneció así la estatua del Señor , como la encontraron , sin manos, pero en los brazos extendidos le colgaron un letrero que decía: “Él no tiene manos, pero tiene las tuyas”. ¡Cuanta verdad! ¡Que cierto! Nosotros, los miembros de su cuerpo, somos sus únicas manos, su única boca, su sola mente y corazón. Somos, en verdad , la extensión de Jesús en el espacio y en el tiempo. Proseguiremos su trabajo de redención amando este mundo para la vida o no habremos hecho nada, por que el Reino de Dios camina al paso de nuestros pies.

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