PODER LLAMAR “PADRE” A DIOS

 

Poderte llamarte Padre, es saber que no somos unos perros perdidos sin collar, en las callejas y arroyos de la vida...

 

Poder llamarte Padre, es saber que tenemos un apellido de familia; es saber que tenemos un hogar donde poder refugiarnos en nuestra noche...

 

Empezar llamándote Padre  es, casi, no necesitar decirte lo demás, es casi, no necesitar contarte nuestro apuros, nuestras penas, nuestras alegrías...

 

Llamarte Padre, a ti, Dios es saber que somos tus hijos y ya qué mas podríamos seguir diciéndote.

 

Recuerda que tú mismo le tapaste la boca a aquel hijo prodigo cuando volvió a ti y empezó a decirte lo que tenia aprendido:

 

Padre, he peca...

No lo dejaste terminar. Solo quisiste oír que te llamaba Padre.

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